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Autor: Watterson, Kascht
Título: Los misterios
Editorial: Océano Gran Travesía
Peso: 0.3 kgs.
ISBN: 9786075579436
LOS MISTERIOS Ésta es una fábula misteriosa y bellamente ilustrada sobre lo que se encuentra más allá de la comprensión humana. Un antiguo reino sufre calamidades inexplicables, los habitantes se ven acosados por fuerzas conocidas únicamente como "Misterios". Con la esperanza de poner fin al tormento, el Rey envía a sus caballeros a capturar uno de esos "Misterios". Años más tarde, un caballero solitario regresa con un Misterio a cuestas; el pueblo lo estudia y se da cuenta de que no es nada extraordinario, pareciera bastante aburrido. Poco a poco la gente pierde el temor a los Misterios, y el pueblo va creyendo que domina el mundo y lo somete a su voluntad. Pero esta arrogancia no dejará nada bueno. Para las ilustraciones del libro, Watterson y el caricaturista John Kascht trabajaron juntos durante varios años en una colaboración inusualmente estrecha. ¡Watterson regresa después de casi 30 años con un libro muy peculiar! Edad recomendada: A partir de 13 años. WATTERSON BILL Washington D.C., 5 de julio de 1958 Es el creador de Calvin y Hobbes, una de las tiras cómicas más populares y apreciadas del siglo XX. Watterson dibujó la tira desde su debut, el 18 de noviembre de 1985, hasta el 31 de diciembre de 1995. En 1986, Watterson se convirtió en la persona más joven en ganar el prestigioso premio Reuben al "dibujante más destacado del año" de la National Cartoonists Society. Volvió a ganar el premio en 1988, y también fue nominado para el premio en 1992. En lugar de abrazar la fama que le proporcionó su trabajo a lo largo de los años, solo concedió un puñado de entrevistas, aparecía raramente en público y ha mantenido un estilo de vida muy modesto. Fue igualmente reservado con sus creaciones, a las que nunca permitió que se comercializaran. No había muñecos de Hobbes, ni figuras de acción del Capitán Spiff, ni tazas de café con frases de Calvin y Hobbes. Teniendo en cuenta que todos sus colegas se lucraban con sus creaciones -Charles Schulz Peanuts y Jim Davis Garfield ganaban decenas de millones de dólares al año en la cúspide de su fama-, resulta una actitud tan admirable como desconcertante.